Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos

Lagos está ubicada al centro de la población del mismo nombre y ocupa el segundo lugar en cuanto al número de visitantes en México.

Su construcción se hizo en el periodo 1732-1790. En 1732 el Dr. Nicolás Carlos Gómez de Cervantes y Velásquez, décimo octavo obispo de Guadalajara, tuvo la idea de edificar un santuario para Nuestra Señora de San Juan, de la cual era fiel devoto.
Su idea era construir un grandioso santuario, por lo que él personalmente eligió el sitio para la construcción, y el 30 de noviembre de dicho año bendijo y colocó la primera piedra.

La Virgen de San Juan de los Lagos o “Cihualpilli” es una pequeña imagen de la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción; es considerada milagrosa y es la patrona de San Juan de los Lagos, ciudad ubicada en el estado de Jalisco.

La imagen milagrosa

La pequeña imagen de Nuestra Señora de San Juan está elaborada en pasta de caña de maíz por artesanos de la región de Pátzcuaro, Michoacán. Representa a la Inmaculada Concepción, de pie con sus manos ante el pecho y su rostro un poco inclinado al frente. Está vestida en la misma talla de pasta con su vestido rojo y manto azul estrellado, adornado por una cenefa de oro fino. Su cabeza es más grande en proporción con el tamaño del cuerpo, tal vez, con este detalle, el escultor trató de representar la pureza de María como la de una niña pequeña.

Según la leyenda basada en testigos oculares, fue una familia de cirqueros que se dirigían a la ciudad de Guadalajara la cual llegó a descansar a esta región, trayendo con ellos varios espectáculos, entre ellos, el de una niña que brincaba en un trapecio sobre una cama con dagas. En un acto, la niña no equilibra bien y cae sobre la misma provocándole la muerte inmediata.

Poco antes del entierro de la niña, una indígena llamada Ana Lucía, quien se encargaba de cuidar la pequeña capilla, al ver el dolor de los padres de la niña pide llevar a una pequeña imagen, que ella llamaba “La Cihualpilli”, que significa ‘La Gran Señora’, diciendo que era muy milagrosa; ya que en ocasiones la imagen cambiaba de lugar, de la sacristía al altar y en el transcurso de la noche cambiaba de lugar en repetidas ocasiones. La colocó en el pecho de la niña, quien con este hecho volvió a la vida.

La Basílica

Los planos del nuevo santuario fueron preparados por Don Juan Rodríguez Estrada, quien dirigió su construcción hasta su muerte en 1760. El 30 de noviembre de 1769 el Obispo Diego Rodríguez Rivas de Velasco hizo el traslado de la imagen a su nuevo santuario, aun cuando éste todavía no se terminaba de construir.

Piedras de tres clases se utilizaron en la obra; la de castilla para los cimientos, cantera para los muros y tezontle para las bóvedas. Así, el nuevo edificio era en ese tiempo uno de los más suntuosos de todo el virreinato de la Nueva España. Las dos torres debieron esperar otros 21 años más, pues fue hasta 1790 cuando quedaron perfectamente terminadas.

Bordea el templo un atrio con balaustrada y puertas de hierro fundido, flanqueadas por columnas estriadas con remates de piñones.

Su fachada es posee dos esbeltas torres barrocas de tres cuerpos y remate, en las cuales se observan pares de columnas toscanas y cornisas movidas, así como relieves geométricos y antropomorfos.

La portada principal consta de tres cuerpos y remate; el primero con arco de medio punto en el acceso, flanqueado por pares de columnas estriadas de capitel corintio y nichos con esculturas entre las columnas; en su parte superior manifiesta entablamento con relieves vegetales y cornisa movida. El segundo y tercer cuerpo son semejantes, teniendo al centro ventana coral el segundo, y ventana octagonal remetida el tercero. En el remate se contempla nicho con escultura de la virgen flanqueado por pequeñas columnas estriadas que sostienen un frontón triangular roto y, a los lados, nichos semejantes. Remata toda la portada una cornisa curva en tres semiarcos.

La portada lateral izquierda es de cantera rosa y muestra dos cuerpos; el primero, con arco de medio punto de intrados almohadillado y clave labrada; flanqueando el arco columnas dóricas estriadas y nichos con esculturas entre columnas. El segundo cuerpo ostenta tres nichos con esculturas, entre columnas dóricas y remate con pináculos y roleos. El interior es de planta de cruz latina; bóvedas de nervadura sostenidas por columnas estriadas de media muestra; cúpula semiesférica sobre tambor octagonal y ventanas con vitral; pinturas en las pechinas de la cúpula.

El retablo principal neoclásico es de cantera, tiene ciprés al centro, que aloja la imagen de la Virgen de San Juan de los Lagos; en la sacristía hay pinturas al óleo de Rubens y muebles de madera tallada con incrustaciones. Todo el interior posee rica decoración dorada en los capiteles, pilastras, ciprés y demás elementos ornamentales.

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